Letras
Adán Echeverría
“Se han evaporado todos los huesos
de mi abuela, de mis maestros,
de todos mis compañeros
de oración.”
Álvaro Chanona Yza
“Tribulaciones de un fariseo” se llama el más reciente poemario del escritor Álvaro Chanona Yza (Mérida, Yucatán, 1962). Dividido en 4 fragmentos –Los muros cansados de Alepo, Tribulaciones de un fariseo, Shoah y Singladura–, el autor presenta las dolorosas imágenes de las guerras en el Oriente Medio, para mejores datos Siria, vista desde los niños, las mujeres, las jovencitas, que huyen y se lanzan al Mediterráneo, no pensando en tener una mejor vida en Europa, sino apenas en sobrevivir a la persecución, a la violencia.
“En medio de la calle hay un cráter
donde no caben ya tantos cadáveres”
El autor retoma palabras, notas, imágenes que dieron la vuelta al mundo y que nos oprimieron el corazón, que quizá debieron conmovernos para intentar ser mejores personas; pero, en vez de eso, decidimos señalar la tragedia, beber un café, y salir a la normalizada vida, una vida donde todos los días nos preguntamos si sobreviviremos.
De epígrafe pone el autor de estos poemas las palabras –que cómo duelen– de aquel pequeño niño sirio antes de morir: “Cuando muera le contaré todo a Dios…”
¿Qué sensación provoca leerlas, escucharlas una y otra vez?
Nos pasa lo mismo cuando recordamos cada día las 43 historias de aquellos jóvenes entre 17 y 20 años que un día, obedecieron a sus maestros, instructores, directores, de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa Raúl Isidro Burgos la noche del 26 de septiembre de 2014.
¿Cuáles fueron las últimas palabras de estos jóvenes? ¿Sus últimos pensamientos, lo que planeaban hacer esa mañana cuando se despertaron cuando la luz tocó sus rostros, cuando comenzaron a prepararse, cuando tomaron los autobuses, cuando fueron interceptados?
Al parecer a nadie de aquellos gobiernos del momento les importó su pensamiento, su destino. Eran pobres, eran morenos, eran prietos. No desaparecieron 43 jóvenes del Tec de Monterrey, tampoco desaparecieron 43 jóvenes de la Anáhuac, ni del ITAM, sino de una Escuela Normal Rural.
Algunos comentanoticias señalan que ya estaba escrito, que entre ellos había 4 militares infiltrados que debían reportar las actividades de los normalistas: dos de los agentes de inteligencia murieron, y dos más lograron salvar sus vidas, que ya han sido interrogados; que lo que ha declarado recientemente Alejandro Encinas ya se sabía, ya se había informado. [Yo debo ser tal vez el único ignorante que no estaba enterado.] Así lo han dejado ver Rafael Cardona y Raymundo Riva Palacio en su programa Estrictamente Personal del 22 de agosto: no hay ninguna novedad en lo que se informa, solo se quiere desviar la atención de la ciudadanía.
Claro que estamos ante un Crimen de Estado. La pregunta que tiene que hacerse es: ¿A quién reportaban dichos jóvenes militares infiltrados en la Normal Rural de Ayotzinapa?
¿Cuántos mexicanos seguirán diciendo: “Cuando muera le contaré a Dios lo que estos gobiernos mexicanos nos han hecho; lo que estos ‘servidores públicos’ siguen haciéndonos”?
¿Alguna vez veremos luz en todos aquellos crímenes de estado que se cometen, o todo será normalizado cada vez para jamás conocer la verdad de los hechos?
“¿Servirá de algo
que me corte las venas
en presencia de este verdugo
que se ha quitado
la máscara
y me revela su nombre?”
Chanona Yza, Álvaro. 2022.
Tribulaciones de un fariseo.
Editorial Cisnegro. 72 pp.